El arte de odiar

true detective

La segunda temporada de “True Detective” ha caído en desgracia. Durante las últimas semanas, críticos y seguidores se han dedicado a maltratarla con pasión y locura. Incluso un desesperado fan norteamericano decidió pegar afiches en las calles con una foto de la serie y el encabezado “Lost Interest” (se perdió el interés, avise si lo encuentra)

Lo cierto es que la reacción generalizada es un poco exagerada. El año pasado era la mejor serie y su creador, Nic Pizzolatto, uno de los nuevos genios de la tv. Una temporada después es pretenciosa, aburrida y el misterio policial no está a la altura. ¿Qué pasó?

Si bien no se puede desconocer que la serie, que cambio el tono, el director y todo su elenco (se fue Woody Harrelson y Matthew McConaughey y llegaron Colin Farrell, Vince Vaughn y Rachel McAdams) dio un giro importante, desechando lo que más personalidad le otorgaba:   ese aire metafísico y sombrío que dominaba la primera temporada. Ahora es una serie policial más convencional con personajes menos elaborados, pero tampoco es para destruirla de esta manera ¿o sí?

Yo creo que lo que realmente sucedió con “True Detective” es que cayó en el pozo de lo que se conoce como “hate-watching” (sintonizar para odiar) Se trata de un fenómeno extraño y masoquista, un deporte malsano que consiste en ver algo para destruirlo en las redes sociales o cualquier medio a tu alcance. Una especie de bullying mediático, una mofa pública que aglutina gente en torno al odio, al singular placer de demostrar que el público ya no es un ente pasivo y que así como ama incondicionalmente, no está dispuesto a tragarse cualquier cosa.

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La primera vez que escuché este concepto fue a propósito de una serie que seguí con entusiasmo durante su primera temporada y de mala gana en la segunda: Smash. El programa contaba la historia de un grupo de productores tratando de montar un musical sobre Marilyn Monroe en Broadway. La serie conquistó a la crítica con el capítulo uno, pero a medida que avanzaban los episodios lo especialistas comenzaron a despreciarla con igual ímpetu con que alabaron su debut. El tema es que el público comenzó a hacer lo mismo, empezaron a circular memes y chistes e incluso una bloguera armó una sección especial en su sitio para comentar lo ridícula e incoherente que le parecía la serie. Todo, capitulo a capitulo y en vivo a través de Twitter. Las audiencias fueron bajando y los que seguían ahí, lo único que hacían era quejarse y hablar mal. Así se creó una especie de club de odio, en el que los chistes crueles y el humor negro eran la moneda de cambio.

Pero no ha sido la única serie en sufrir de “hate-watching”. “The Killing” tuvo que soportar la ira del público y la crítica, cuando decidió alargar el misterio y terminar la primera temporada sin dar a conocer al autor del asesinato que daba origen a la historia. La serie corrigió el rumbo y reveló el misterio a principios de la segunda temporada, y luego inicio otros casos por dos temporadas más, sin embargo, nunca se recuperó del despreció generalizado de los que alguna vez la siguieron y los malos comentarios continuaron hasta que fue cancelada.

También cayó en esta dinámica la serie de HBO “The Newsroom” sobre cómo se hace un noticiero televisivo en USA. La serie presentaba a unos periodistas que se creían moralmente superiores (ojo Daniel Matamala) y que utilizando hechos reales que ya habían sucedido, daban cátedra sobre cómo debían cubrirse mediáticamente. La vi durante 10 capítulos y no pude más que unirme al apedreamiento (cibernético por supuesto) por ser, en mi opinión, una de las series más sobrevalorada e intragable de la historia de la humanidad.

Sin embargo, no fue mi primera experiencia como “odiador” profesional. Cuando aún estaba en la U, en medio de una ventana entre clases, por casualidad vimos una telenovela llamada “Acorralada” que transmitía Chilevisión. Era tan mala, tan mal escrita, tan mal actuada, tan absurda, que se volvió un deleite para la burla. Hasta el día de hoy la frases “voy a destruir a ese enfermerita de los infiernos” es un chiste interno que no olvidamos. Era una época pre redes sociales, pero la intención era la misma, juntarse y disfrutar odiando lo que ves.

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Escena de Acorralada

El caso es que las oleadas de odio ocurren con la misma pasión que las de amor. Y no hay que dejarse llevar cien por ciento por ellas. Muchas veces son arranques hormonales más que análisis contundentes. Hay que dejar que “True Detective 2” descanse un poco y luego evaluar si era tan mala o simplemente no estaba tan bien como la primera, que no es precisamente lo mismo. En general, creo que hay que dudar del “hate-watching” (excepto con “The Newsroom” que seguro está ardiendo en el infierno de la series).

 

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