La memoria sigue viva

ecosLa miniserie de Andrés Wood, que aborda la historia de la abogada Carmen Hertz, sin duda es uno de los grandes aciertos de Chilevisión y una clara muestra de la solidez de Wood como director.

                  La atmosfera que desde los primeros minutos presenta “Ecos del desierto” es inquietante. La figura de José Sosa interpretando al siniestro General Sergio Arellano Stark, uno de los principales instigadores del Golpe de Estado, para los pelos con solo aparecer en pantalla.

El desierto aparece como gran telón de fondo, para presentar la masacre, el dolor y la desesperanza de familias separadas por el régimen militar. El polvoriento escenario en el que operó la “Caravana de la Muerte” funciona como metáfora de la desolación y el desaliento de los prisioneros y del país entero en aquellos años.

Es difícil no pensar, mientras aparecen los planos de los fusilados siendo enterrados en el desierto, en el documental de Patricio Guzmán, “Nostalgia de la Luz”, acerca de familiares que por varias décadas han tratado de encontrar los restos de sus seres queridos enterrados en la aridez de aquella zona.

La historia que nos cuenta Andrés Wood está presentada desde el punto de vista de Carmen Hertz, una de las abogadas más reconocidas en la lucha por justicia para las víctimas de la dictadura. La serie narra en dos ejes temporales su presente como militante comunista en el año 73, cuando solo tenía 25 años y estaba recién egresada de la universidad, y al mismo tiempo sus recuerdos de esos hechos ya en el año 2000.

Así vemos a María Gracia Omegna, que interpreta a la joven Carmen Hertz, huyendo con su hijo Germán, el día del primer intento de golpe militar en junio del 73, en medios de la desazón y la violencia reinante. Junto a su esposo, Carlos Berger, llegan a Chuquicamata enviados por el Partido Comunista.

Después del Golpe de Estado, Carlos es detenido y condenado por un concejo de guerra. Mientras tanto Carmen hace todo lo posible por liberarlo a través de la vía legal. Cuando logra que le conmuten la pena y la libertad parece posible, Carlos es sacado de la cárcel, fusilado y enterrado en el desierto, convirtiéndose en uno los cientos de detenidos desaparecidos de la dictadura.

Lo interesante es que la serie intenta mostrar matices, por ejemplo en el personaje interpretado por Paulina Urrutia, la esposa del Coronel a cargo de los detenidos del desierto, que le otorga un lado humano al militar encargado de dar la terrible noticia a las familias. De todas formas, esto contrasta con el momento en que la tragedia le es revelada a Carmen con una brutalidad devastadora y que nos sitúa con toda claridad en la dimensión macabra que operaba la dictadura.

La obra de Wood, estrenada en este aniversario de los 40 años del Golpe Militar, logra mostrar con sensibilidad y coraje no solo una historia particular, sino también, a través del uso de archivo de la época, una gran panorámica de la terrible situación que vivía el país.

Las solidas actuaciones, la impecable recreación de época y la conmovedora historia que nos cuenta, ya ubican esta miniserie (aunque solo hayamos visto el primer capítulo) como uno de los mejores estrenos nacionales del año. Simplemente imperdible.

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