Romance con sacarinas

hombre de tu vida

La producción de Canal 13 es una adaptación de una serie argentina creada por el famoso director Juan José Campanella, el mismo de “El secreto de sus ojos”.

¿Cómo se hace para adaptar un hit argentino a la realidad chilena? La respuesta no es fácil, salvo “Soltera otra vez”, la verdad que las experiencias en esa área son desastrosas. Basta recordar “Montecristo”, “Los Roldan” “Los Exitosos Pell” o la extra-larga versión de “La Lola” que hizo Canal 13 hace algunos años. ¿Y cómo ha resultado “El Hombre de tu vida”? hasta ahora regular.

La serie se centra en Hugo (Boris Quercia) un padre soltero y muy abnegado, que por aprietos económicos termina trabajando en la nueva empresa de citas de su manipuladora prima, Gloria (Francisca Imboden). Así Hugo decide lanzarse a conquistar a mujeres solas, vulnerables y dispuestas a pagar por una cita a ciegas. La idea es que las mujeres se deslumbren con él en un principio, pero terminen desilusionadas y pidan a otro hombre o desistan de la tarea.

La historia del Don Juan se ha contado muchas veces: un hombre, muchas mujeres, y sus sorprendentes técnicas para conquistarlas. Teniendo esto en cuenta ¿qué de nuevo tiene para contar “El hombre de tu vida”? La principal vuelta de tuerca es que el “galán”, no responde al clásico estereotipo del macho valiente y seductor, si no a un torpe y común cuarentón. Esto podría ser divertido si el personaje tuviera un mínimo de picardía, pero la serie opta por un deslavado romanticismo que no resulta del todo atractivo.

Probablemente la idea era ofrecer un respiro a la tendencia mundial de abordar personajes más oscuros y ambiguos, así un hombre sin tantos dobleces podría ofrecer una mirada más amable de las relaciones de pareja. Sin embargo, lo que hemos visto en la pantalla nacional no sorprende ni entusiasma demasiado.

De entrada llama la atención que sea Boris Quercia, un actor que no destaca precisamente por su atractivo físico, el elegido para ser el sueño de todas las mujeres. Una fórmula que post “Las Vegas” se siente un poco ingenua y anacrónica. La serie se esfuerza en demostrar que un hombre común y corriente, pero con un buen discurso puede conquistar a cualquier mujer (desde Katty Kowaleczko a Josefina Montané), lo que ya es una idea bastante trillada.

Hubiera sido bastante más interesante y revolucionario, ver a una mujer con las características de Quercia, (de más de 40 años, de 1.60 de estatura y sin mayor atractivo físico) intentar las peripecias que él protagoniza.

Por eso el principal problema de la serie es que este personaje no termina de cuajar. En la presentación se enfatiza en lo noble y torpe que es (su mejor amigo es un cura). Pero con el correr de los capítulos vemos que sin problemas miente, se disfraza y cobra por sus citas sin mayores escrúpulos y con bastante soltura. Vemos que es un chanta, pero al mismo tiempo la serie nos obliga a “confiar en su buen corazón”. Una paradoja que seguramente los argentinos, por su naturaleza, logran presentar de mejor forma.

En el caso chileno este juego hace que el personaje no agarre vuelo. Salvo en instantes aislados, no hay lujuria ni picardía, tampoco cuestionamientos morales. Él se aprovecha de las mujeres (emocionalmente, nunca de manera sexual) pero al mismo tiempo las salva de su “confusión”. Todo de manera demasiado pasmado, hasta el hijo de 14 años tiene más carácter e intensión que el protagonista.

Entrado el quinto capítulo, hemos podido ver algo más del corazón del personaje. Finalmente cayó rendido por una de sus citas, sorprendentemente de una mujer discapacitada, y le reveló al cura, interpretado por Jaime Vadell, su “nueva profesión”. El problema es que en ambos casos la falta de intensidad de Hugo hace que todo se quede en la anécdota. Además, el hecho de que en cinco capítulos no haya prácticamente ninguna escena sexual, demuestra lo ingenuo del planteamiento.

Aunque se da entender que el personaje de Quercia tiene una herida amorosa, cuesta ver en él algo más que el cliché del hombre bueno (pero bueno de adentro). Al parecer su mujer lo abandonó, no se sabe por qué ni cuándo. Tampoco por qué no busca otro trabajo y mucho menos porque no tiene redes ni amigos.

Más allá de la impecable factura técnica, y lo fácil que puede ser seguir esta serie, los momentos realmente cautivantes son escasos. Hasta ahora lo mejor han sido los personajes secundarios y la fuerza de Francisca Imboden. Ni mucha risa, ni mucho drama. Un romance con poca azúcar y seria. Es interesante imaginarse que hubiera hecho Showtime o HBO con una idea como esta. Seguro más intensidad y desnudos, pero también más complejidades y menos estereotipos.

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